Trend de TikTok Scientology run: origen, polémica y alcance global

Última actualización: 22 de mayo de 2026
  • El trend “Scientology run” nació en TikTok tras un vídeo viral grabado en un centro de la Cienciología en Hollywood y se expandió rápidamente como reto de speedrunning en la vida real.
  • Las incursiones han provocado daños materiales, choques físicos, investigaciones por delitos de odio y varias detenciones en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Europa y Australia.
  • La Iglesia de la Cienciología denuncia acoso y vandalismo, mientras que policías y expertos advierten de las posibles consecuencias legales y del riesgo de reforzar la narrativa victimista de la organización.
  • Activistas y exmiembros critican el trend por trivializar abusos y desviar la atención de la investigación seria, y hasta algunos de sus creadores piden ahora que se deje de replicar.

Trend de TikTok Scientology run

El llamado trend de TikTok “Scientology run”, también conocido como “Scientology speedrunning”, se ha convertido en uno de los fenómenos virales más polémicos de los últimos tiempos. Lo que empezó como una broma grabada con unas gafas inteligentes en un edificio de la Cienciología en Hollywood ha terminado derivando en incursiones masivas, investigaciones policiales y un fuerte debate sobre los límites entre el humor, la protesta y el delito.

En este artículo vas a encontrar una explicación completa de cómo nació el trend, cómo se ha expandido por distintos países, qué consecuencias legales está teniendo y cómo lo valoran tanto activistas críticos con la Cienciología como antiguos miembros y expertos en extremismo. Todo ello, con un enfoque divulgativo y en un tono cercano, pero sin dejar de lado los matices éticos y legales que hay detrás de estos “speedruns” en la vida real.

¿Qué es exactamente el trend de TikTok “Scientology run”?

El “Scientology speedrunning” consiste en entrar corriendo en edificios de la Iglesia de la Cienciología, normalmente sin autorización, para ver hasta dónde se puede llegar antes de ser detenido por el personal de seguridad o por los miembros de la organización. Todo se graba con el móvil o con gafas con cámara integrada y se sube principalmente a TikTok, pero también a Instagram, Snapchat u otras redes.

El término “speedrun” viene del mundo de los videojuegos, donde los jugadores intentan completar un juego o un nivel a la mayor velocidad posible, aprovechando atajos, glitches o rutas muy optimizadas. En este caso, la lógica se traslada al mundo real: el “récord” lo marca quien logra hacer la incursión más profunda en las instalaciones de la Cienciología antes de ser expulsado.

Los vídeos suelen mostrar a grupos de jóvenes, muchos de ellos adolescentes, entrando a la carrera por las puertas principales, cruzando recepciones, pasillos y salas abiertas al público, mientras empleados y voluntarios de la Iglesia les gritan que se detengan y que abandonen el edificio. En algunos casos, los participantes gritan referencias internas a la Cienciología, como el nombre de Xenu, o se disfrazan con trajes llamativos para maximizar el impacto visual del contenido.

La clave de su viralidad es la mezcla de desafío, sensación de infiltración y humor absurdo: correr por un supuesto lugar hermético y rodeado de secretismo, con máscaras, disfraces o megáfonos, se percibe por muchos espectadores como una especie de “broma colectiva” global contra una organización muy controvertida.

Scientology speedrun TikTok

El origen del Scientology speedrunning en Los Ángeles

El punto de partida del trend se sitúa en Hollywood, Los Ángeles, concretamente en el Church of Scientology Information Center y en el L. Ron Hubbard Life Exhibition, dos instalaciones de la Cienciología ubicadas en el emblemático Hollywood Boulevard. Es allí donde, a finales de marzo, se graban las primeras incursiones que terminarán desatando la moda.

El 25 de marzo, el creador conocido como isDurpyy publica un vídeo en el que se le ve entrando al centro de información de la Cienciología y adentrándose en el edificio mientras va gritando “Xenu”, una figura central de los niveles avanzados de la doctrina cienciológica. Llega lo bastante adentro como para llamar la atención y finalmente es expulsado, pero el clip genera suficientes visitas como para despertar interés.

Paralelamente, otro usuario, Swhileyy, descubre que un simple vídeo en el que entra al edificio para comprar un libro de la Cienciología acumula también un número notable de visualizaciones. A partir de ahí, ambos creadores deciden colaborar y subir la apuesta: el 31 de marzo graban una incursión conjunta corriendo a través del centro hasta llegar a una oficina situada en una zona más interna.

Ese vídeo, grabado con unas gafas inteligentes Meta Ray-Ban, se publica en TikTok con un título que alude a conseguir la “carrera más profunda registrada” dentro de un edificio de la Cienciología. El contenido despega a una velocidad brutal: llega a alcanzar alrededor de 90 millones de visualizaciones antes de que sea eliminado de la plataforma, ya sea por retirada propia o por acción de moderación.

El efecto dominó no tarda en aparecer. Otros creadores empiezan a imitar la “hazaña” de Swhileyy e isDurpyy, tratando de igualar o superar el nivel de “profundidad” en sus propias carreras. Algunos llevan airhorns (bocinas estridentes), otros van en grupo y muchos empiezan a concebir el reto como una especie de raid coordinado contra los edificios de la Cienciología.

Escalada del fenómeno: de broma puntual a oleada global

Lo que en un principio parecía un stunt aislado con aire de gamberrada se convierte rápidamente en un fenómeno masivo que atrae a decenas y luego a cientos de participantes en distintos puntos del mapa. Cada nuevo vídeo refuerza la dinámica de competencia: muchos quieren lograr el “deepest run”, es decir, el recorrido más largo y profundo conseguido hasta el momento dentro de las instalaciones de la Iglesia.

En cuestión de semanas, los edificios implicados en Los Ángeles comienzan a sufrir entradas en masa, empujones y daños materiales. La Cienciología declara que se han roto elementos de mobiliario y que algunos trabajadores han resultado golpeados o tirados al suelo durante las carreras colectivas. La tensión aumenta cuando empiezan a circular mensajes en redes ofreciendo recompensas económicas a quien publique los mejores vídeos de speedruns, lo que incentiva aún más la participación.

Las autoridades locales responden reforzando la vigilancia. La Policía de Los Ángeles (LAPD) admite que ha recibido múltiples llamadas relacionadas con estos incidentes, especialmente concentradas en la zona de Hollywood. En un caso concreto, citado por medios locales, el departamento llega a contabilizar varias llamadas en un mismo día por irrupciones sucesivas en edificios de la Cienciología.

Según diversas informaciones, algunos de los expedientes abiertos se tratan como posibles delitos de odio, en función de lo que los participantes han dicho o hecho durante las carreras (por ejemplo, expresiones insultantes o referencias a la Cienciología como blanco de hostilidad religiosa). Aunque durante los primeros días casi no se registran detenciones, la policía advierte de que correr por un edificio privado, empujar a trabajadores o causar daños en la propiedad puede encajar en tipos penales como el allanamiento, la vandalización o incluso la agresión.

La Iglesia responde con medidas físicas: en su centro de información de Hollywood, por ejemplo, retira los tiradores de las puertas y limita de forma drástica la entrada de visitantes espontáneos. Paralelamente, refuerza su seguridad privada, coordina actuaciones con la policía y emite comunicados públicos denunciando que sus instalaciones han sido convertidas en “objetivo para desafíos virales”, calificando los hechos de “tregua rota” entre espacio religioso y diversión en redes.

Incidentes destacados en Estados Unidos y Canadá

Mientras el foco mediático se concentra en Hollywood, el trend empieza a copiarse en otras ciudades de Estados Unidos y de Canadá. Algunos episodios se vuelven especialmente sonados por la magnitud de la participación o por las consecuencias legales derivadas.

En Vancouver, por ejemplo, se calcula que alrededor de 300 jóvenes se concentran frente a la sede de la Cienciología en el centro de la ciudad. Algunos se suben a marquesinas y rótulos, otros se enfrentan verbalmente con los agentes de policía que acuden a dispersar al grupo. Aunque la mayoría se va sin mayores problemas, al menos una persona llega a ser detenida y posteriormente liberada sin cargos. La imagen de la multitud frente a la fachada del edificio contribuye a dar la vuelta al mundo al fenómeno.

En Nueva York, un grupo de unos 25 jóvenes irrumpe en la sede de la Cienciología en Times Square, en Manhattan. Durante la incursión, se producen daños materiales en el interior y la Iglesia califica el episodio como un “ataque coordinado”. La policía elabora un informe por vandalismo y se abre una investigación para identificar a los responsables que aparecen en los vídeos difundidos en redes.

En Seattle, el trend alcanza un punto más grave cuando un grupo de adolescentes decide forzar la entrada a un edificio de la Cienciología que estaba cerrado. Utilizan una palanca para abrir la puerta y acceden al interior, lo que desencadena una respuesta policial más contundente: tres de ellos son acusados de robo en segundo grado y de un delito de odio, elevando el listón de las posibles consecuencias penales ligadas al trend.

También se documentan incursiones o intentos de raid en otras ciudades estadounidenses como San Diego o Palm Springs, donde uno de los participantes llega a disparar con una pistola de balines a una ventana de un edificio de la Cienciología, provocando roturas y un arresto posterior. En estos casos, la narrativa del “speedrun inocente” queda muy desdibujada y el comportamiento se parece más a un acto de vandalismo organizado.

El salto internacional: Reino Unido, Europa y Australia

La naturaleza global de TikTok y de otras redes hace que el trend no se quede en Norteamérica. En pocas semanas, aparecen copias del Scientology run en varios países europeos y en Australia, normalmente impulsadas por publicaciones virales en Snapchat, TikTok o foros en Reddit.

En el Reino Unido, un simple mensaje en Snapchat convocando el “primer raid de Scientology” en Londres se difunde como la pólvora: anima a acudir a la sede principal cerca de Blackfriars con mascarillas, cámaras deportivas y ganas de participar. El resultado es que cerca de un centenar de jóvenes se juntan a las puertas del centro londinense. La Policía de la City se despliega con furgones en la zona y, tras hablar con el grupo, logran que se disperse sin llegar a producirse una irrupción masiva en el interior ni detenciones.

En Edimburgo, una treintena de adolescentes intenta reproducir la jugada, pero las condiciones meteorológicas y la pronta intervención de la policía arruinan el “plan”: acaban empapados por la lluvia y refugiados en una cadena de panaderías antes de regresar a casa. Aun así, los vídeos y fotos de la concentración circulan en TikTok y contribuyen a alimentar la narrativa del trend.

En el continente europeo, medios de países como Bélgica, Francia, Alemania, Países Bajos o Suiza informan de intentos de speedruns o de concentraciones frente a sedes de la Cienciología. En Bruselas, por ejemplo, se llega a desplegar un dispositivo policial permanente frente a un edificio de la Iglesia ante el miedo a que se repita lo sucedido en América del Norte. En Ámsterdam, algunos templos de la Cienciología acaban barricados con presencia policial tras detectarse llamadas en redes a organizar raids masivos.

Uno de los focos más calientes en la segunda oleada del trend es Australia. En Sídney, dos adolescentes graban su speedrun a través de una iglesia de la Cienciología en el distrito financiero; a la salida, son retenidos por ciudadanos que realizan una detención civil hasta la llegada de la policía. Finalmente, las autoridades estatales del estado de Nueva Gales del Sur aplican la Ley de Delincuentes Juveniles para gestionar el caso, y advierten públicamente de que cualquier persona que intente replicar el reto podría enfrentarse a cargos por allanamiento.

En Brisbane, más de 200 jóvenes se congregan para intentar asaltar una sede de la Cienciología en pleno centro. Al encontrar las puertas cerradas, algunos se suben a un coche de policía y lo utilizan como rampa improvisada para hacer piruetas con bicicletas BMX. La escena no acaba en arrestos inmediatos, pero la policía abre diligencias y dos menores, de 15 y 18 años, son finalmente acusados por sus acciones.

Reacción de la Iglesia de la Cienciología y de las autoridades

La respuesta oficial de la Iglesia ha sido especialmente tajante. En comunicados dirigidos a distintos medios, la organización subraya que los responsables del trend han forzado la entrada a propiedades privadas, han interrumpido actividades religiosas y han puesto en peligro tanto a trabajadores como a feligreses y visitantes. Hablan de “mobs” (turbas) irrumpiendo en edificios, empujando al personal y provocando lesiones leves en algunos casos.

Desde la perspectiva de la Cienciología, convertir sus instalaciones en un escenario para retos virales no es ni periodismo ni protesta legítima, sino acoso, vandalismo y hostigamiento con fines de entretenimiento. La Iglesia recalca que sus centros son espacios pensados para el culto y la atención al público, y que, aunque aceptan visitas legales y ordenadas, no pueden tolerar irrupciones masivas organizadas desde redes sociales.

Por su parte, las fuerzas de seguridad en diferentes jurisdicciones (LAPD, policía de Vancouver, cuerpos de Londres, Sídney, Brisbane, entre otros) han ido pasando de una postura relativamente tolerante a otra más firme. Tras los primeros días de desconcierto, los departamentos policiales comienzan a clasificar los incidentes como allanamiento, daños, vandalismo o incluso posibles delitos de odio, dependiendo de la conducta concreta de cada grupo.

En Los Ángeles, por ejemplo, se registra al menos un incidente investigado formalmente como presunto crimen de odio por la naturaleza religiosa de la institución atacada y algunas de las expresiones utilizadas por los participantes. Algunos exagentes consultados por la prensa advierten de que, cuando los corredores chocan violentamente con el personal de la Iglesia, pueden estar incurriendo en agresión o en delitos similares.

Además de los procedimientos legales, muchas sedes de la Cienciología han reforzado sus sistemas de seguridad, reduciendo los tramos de acceso libre, instalando más cámaras, contratando más vigilantes privados e incluso bloqueando físicamente puertas o retirando manillas para hacer más difíciles las entradas en masa que se ven en los vídeos virales.

El papel de TikTok, otras plataformas y la cultura del “stunt”

La difusión del trend ha puesto de nuevo el foco sobre la responsabilidad de las plataformas de vídeo corto. TikTok, en particular, afirma que sus normas comunitarias prohíben expresamente la difusión de conductas violentas o delictivas, y que muchos de los vídeos relacionados con el Scientology run han sido retirados cuando se ha detectado que fomentaban comportamientos ilegales.

Pese a ello, la velocidad a la que se propagó el fenómeno demuestra hasta qué punto estos sistemas de moderación llegan tarde frente a la lógica del algoritmo: cuando un vídeo acumula decenas de millones de visitas en muy pocos días, otros usuarios ya se han inspirado para crear contenido similar, incluso aunque el clip original desaparezca después. El incentivo principal sigue siendo el mismo: visibilidad, seguidores y posibles ingresos derivados de esa atención.

En el caso de Swhileyy, el propio creador admite en entrevistas que, tras comprobar el tirón que tenía la Cienciología como tema de contenido, la percibía casi como una “puerta libre a muchas visitas”. Sus vídeos, a menudo basados en bromas pesadas y en grabaciones con gafas inteligentes sin consentimiento explícito de las personas filmadas, se benefician de una economía de la atención donde el límite entre lo permitido y lo aceptable es cada vez más difuso.

El fenómeno del Scientology speedrun encaja en una tendencia más amplia de “stunts” y retos extremos que buscan romper normas sociales, asustar o incomodar a terceros para lograr clips impactantes. La comparación con el evento “Storm Area 51” de 2019 es frecuente: en aquel caso, se movilizó a miles de personas con la idea jocosa de “asaltar” una base militar secreta de Estados Unidos, aunque al final el resultado fue mucho más controlado que lo que se está viendo en los speedruns contra la Cienciología.

La diferencia clave es que, mientras aquel desafío se quedaba en gran medida en la broma colectiva y en reuniones festivas relativamente inofensivas, el trend actual implica entradas en propiedades privadas concretas, con personal presente en el interior, lo que multiplica el riesgo de incidentes físicos reales.

Críticas, apoyo parcial y debate ético

La recepción del trend entre periodistas, activistas y antiguos miembros de la Cienciología ha sido, en general, de escepticismo y advertencia, aunque algunos reconocen que les resulta difícil no ver cierto componente humorístico en la idea de “correr” por un templo tan rodeado de polémicas.

Medios como Vice, Gizmodo o Kotaku han descrito el Scientology speedrunning como algo que va desde lo “divertido pero infantil” hasta un claro ejemplo de cómo una broma de un adolescente puede irse de madre cuando se mezcla con algoritmos de recomendación y cultura de la viralidad. Para algunos comentaristas, sería más útil canalizar esa energía irreverente hacia formatos de investigación o denuncia estructurada sobre la organización, en lugar de incursiones que rozan o cruzan la línea de la ilegalidad.

Entre los activistas críticos con la Cienciología hay opiniones divididas. Una parte ve en las carreras una forma de presión simbólica sobre una entidad percibida como opaca y autoritaria, interpretándolo como una protesta gamberra que visibiliza problemas internos de la Iglesia. Algunos apuntan incluso a que estas irrupciones pueden entorpecer los esfuerzos de captación y reclutamiento al romper la imagen de calma y control que la organización quiere proyectar en sus centros abiertos al público.

Sin embargo, otras voces críticas, incluidas personas que han abandonado la Cienciología, consideran que el trend es contraproducente y refuerza la narrativa victimista de la Iglesia. La actriz Leah Remini, quizá la exmiembro más conocida por sus trabajos de denuncia, ha llamado explícitamente a que se deje de participar en este tipo de retos. Remini argumenta que, desde dentro, la Cienciología presenta el mundo exterior como un entorno hostil lleno de enemigos que quieren destruir la organización, y que escenas de jóvenes enmascarados irrumpiendo en templos no hacen más que confirmar ese relato y fortalecer la lealtad de los fieles.

Un razonamiento similar expone el periodista Yashar Ali, para quien las carreras dan munición a la doctrina de que la Iglesia está siendo perseguida por fuerzas externas malintencionadas. En su opinión, si el objetivo es exponer prácticas dañinas o abusos dentro de la Cienciología, conviene recurrir a investigaciones, testimonios y documentación sólida, en lugar de a “raids” espectaculares que la organización puede presentar como ataques de odio.

También hay quien teme que este tipo de acciones puedan perjudicar a movimientos de protesta pacífica ya consolidados. En el Reino Unido, por ejemplo, activistas que llevan tiempo organizando manifestaciones legales, con permisos y de forma no violenta frente a sedes de la Cienciología, temen que los speedruns ofrezcan a la Iglesia argumentos para restringir el derecho de protesta e intentar reabrir conflictos legales ya cerrados con las autoridades.

La postura de los propios creadores del trend

Un elemento llamativo de la historia del Scientology run es la evolución del discurso de quienes lo iniciaron. El propio Swhileyy ha declarado en varias ocasiones que nunca pretendió lanzar un “reto global” ni animar a otros a batir su marca, y que veía su vídeo original como una acción puntual, no como el principio de una saga de raids coordinados.

En entrevistas recientes, el creador enfatiza que no promueve que nadie repita lo que él hizo y que no se siente responsable de los daños o incidentes producidos por los imitadores. Asegura que nunca ha hablado de “récords” en un sentido competitivo ni ha pedido a su audiencia que mejoren su run, aunque admite que usar expresiones sobre “la carrera más profunda” en los títulos puede haber alimentado la interpretación de que se trataba de un desafío abierto.

Según su propio relato, Swhileyy no ha sido contactado ni por la policía ni por representantes de la Cienciología en relación con su vídeo original. Aun así, en declaraciones públicas ha llegado a decir que “no aprueba lo que han hecho otros” y que considera que muchas de las incursiones posteriores han cruzado líneas que él no tuvo intención de pisar.

Al mismo tiempo, la trayectoria del creador deja claro que se mueve en una estética de pranks agresivos y explotación de la incomodidad ajena, algo que ha generado críticas adicionales: gran parte de su contenido se basa en grabar a personas vulnerables, como quienes viven en la calle en zonas como Skid Row, y en exponerlas ante la audiencia con un tono poco empático. En ese sentido, el Scientology run encaja en un patrón más amplio de contenido que prioriza el impacto por encima de las consideraciones éticas.

Este caso sirve de ejemplo de cómo un adolescente, inmerso en una lógica de retorno de la inversión (ROI) aplicada a la fama online, puede desencadenar reacciones en cadena difíciles de controlar. Una simple idea para conseguir visitas en TikTok termina generando consecuencias legales en varios países y un debate global sobre los límites del entretenimiento en la era de la economía de la atención.

En conjunto, el trend de TikTok “Scientology run” ilustra hasta qué punto un gesto aparentemente gamberro puede transformarse en un fenómeno internacional con aristas legales, éticas y sociales. Entre quienes lo ven como una simple chiquillada exagerada por los medios y quienes lo interpretan como un ataque violento contra un grupo religioso, lo cierto es que las incursiones han forzado a la Cienciología a blindar sus edificios, han implicado a policías de medio mundo y han abierto un nuevo frente en la discusión sobre la responsabilidad de plataformas, creadores y espectadores en la difusión de retos virales que se juegan en la delgada línea entre la protesta, la sátira y el delito.