Snapchat y Bitmoji: riesgos, usos y papel de los padres

Última actualización: 25 de marzo de 2026
  • Bitmoji, propiedad de Snap Inc., se integra estrechamente con Snapchat y permite crear avatares personalizados muy populares entre adolescentes.
  • Su facilidad de uso y difusión puede generar problemas de privacidad, contenido inapropiado y presión sobre la imagen corporal de los menores.
  • Los padres deberían conocer la app, revisar permisos y usarla como excusa para hablar de diversidad, respeto y seguridad digital.
  • Aunque el futuro de Bitmoji dependa de decisiones de Snapchat, el acompañamiento familiar sigue siendo clave en su uso responsable.

Snapchat y Bitmoji

La pregunta de si Snapchat cierra la app de Bitmoji ha puesto en alerta a muchos padres, adolescentes y usuarios habituales de redes sociales. Bitmoji se ha convertido en una pieza clave dentro del ecosistema de Snapchat y en una forma muy popular de expresarse online, así que es lógico que cualquier cambio o rumor genere bastante ruido y preocupación.

Antes de entrar de lleno en si Snapchat podría dejar de lado Bitmoji o cambiar la forma en la que funciona, conviene entender bien qué es exactamente Bitmoji, cómo se integra con Snapchat, qué riesgos puede tener para menores y qué papel deberían jugar las familias a la hora de acompañar a sus hijos en el uso de este tipo de apps. A partir de ahí, es mucho más fácil interpretar noticias, rumores o decisiones de la empresa matriz, Snap Inc.

Qué es Bitmoji y por qué está tan ligado a Snapchat

Bitmoji es una aplicación propiedad de Snap Inc., la empresa matriz de Snapchat. Su función principal es permitir que cualquier usuario cree un avatar tipo dibujo animado o “emoji” personalizado que se parezca a él o ella. La gracia está en que ese personaje se puede usar después en un montón de contextos: chats, redes sociales, correos, documentos, etc.

Aunque Bitmoji se puede usar sin tocar Snapchat, lo cierto es que su enorme popularidad llegó cuando ambas herramientas se integraron de manera estrecha dentro de la propia app de Snapchat. De hecho, esa integración fue tan potente que Bitmoji llegó a ser la aplicación número uno en descargas en la App Store de iTunes en 2017, con la propia Snapchat ocupando el segundo lugar en ese mismo ranking global.

Una de las características más llamativas es que Bitmoji funciona como app independiente y también como extensión en otros servicios. Se puede añadir al teclado de Android, integrarlo con iMessage en iOS o incluso usarlo en Chrome mediante una extensión del navegador. De esa forma, el avatar que creas en Bitmoji te acompaña prácticamente vayas donde vayas dentro del mundo digital.

Esa flexibilidad hace que muchos adolescentes y preadolescentes lo vean como una forma divertida y constante de expresar su personalidad con un toque de humor. No solo aparece en Snapchat, sino también en Facebook, Facebook Messenger, Gmail, Gboard, Slack y otras herramientas que permiten insertar stickers o emojis personalizados.

Cómo funciona Bitmoji dentro y fuera de Snapchat

Cuando se combina Bitmoji con Snapchat, se desbloquea una de las funciones más populares: Friendmoji. Este sistema permite crear Bitmojis conjuntos en los que aparecen dos personas, tú y un amigo, en distintas situaciones o posturas, dando lugar a stickers personalizados que refuerzan la sensación de cercanía en las conversaciones.

Además de Friendmoji, los usuarios pueden colocar su Bitmoji “en el mundo real” usando la cámara de Snapchat. Es decir, el avatar puede aparecer sobreimpuesto en el entorno captado por la cámara, con animaciones y movimientos, como si estuviera físicamente en la escena. Esto engancha mucho a los jóvenes porque mezcla realidad aumentada, humor y expresión personal.

Bitmoji también destaca por la gran cantidad de opciones de personalización. Es posible ajustar color y estilo de pelo, longitud del cabello, tono de piel, forma de la cara, complexión corporal, color de ojos y un largo etcétera. El usuario puede subir una selfie para usarla como referencia o bien crear el avatar totalmente desde cero, sin foto de base.

Una vez creado el personaje, los Bitmojis se pueden insertar prácticamente en cualquier lugar: documentos, fotografías, chats, redes sociales, correos e incluso presentaciones, siempre que la aplicación o servicio soporte pegarlos como imagen o sticker. Esa ubicuidad es parte de la razón por la que la app ha calado tanto entre estudiantes y personas jóvenes.

En el proceso de registro, el usuario tiene dos opciones: abrir una cuenta propia de Bitmoji o iniciar sesión utilizando sus credenciales de Snapchat. Esta segunda vía simplifica el alta y refuerza todavía más el vínculo entre ambos servicios, algo que influye directamente en la percepción de que, si Snapchat toma decisiones importantes, Bitmoji podría verse afectado.

Los tres estilos principales de Bitmoji: Deluxe, Classic y Bit Strips

Dentro de la app, Bitmoji no es un único tipo de avatar. Existen tres estilos diferentes entre los que los usuarios pueden elegir, lo que influye en el aspecto del personaje y en las posibilidades de personalización que ofrece cada uno.

El primero es el estilo conocido como Bit Strips, que fue la base original de lo que hoy entendemos como Bitmoji. Con este formato, los usuarios pueden crear auténticas tiras cómicas utilizando su avatar, colocando a su personaje en viñetas, escenas y situaciones con un aire muy de cómic clásico.

En segundo lugar está el estilo Classic, que se centra en lograr avatares reconocibles y sencillos que recuerdan al usuario real, pero sin un nivel de detalle exagerado. Es una opción que muchos eligen por ser directa, fácil de configurar y visualmente clara, sin demasiadas florituras.

Por último, encontramos Bitmoji Deluxe, el estilo que amplía al máximo el número de rasgos y opciones disponibles. Aquí se multiplican las posibilidades de ajustar peinados, tonos de piel, rasgos faciales, accesorios y ropa, lo que teóricamente permite acercar mucho más el avatar a la apariencia real del usuario, aunque esto también tiene sus contrapartidas a nivel emocional.

Precisamente con Bitmoji Deluxe, algunos usuarios han señalado que esta mayor precisión puede generar cierto nivel de ansiedad, ya que parece invitar a mirarse “con lupa” y a pasar demasiado tiempo afinando detalles del propio aspecto, algo que no siempre es sano, especialmente en edades en las que la autoimagen es muy frágil.

Motivos de preocupación para padres y educadores

Que una app sea divertida y muy popular no significa que no tenga riesgos. En el caso de Bitmoji, hay varias cuestiones que padres, madres y docentes deberían tener en el radar, especialmente cuando hablamos de niños y adolescentes que usan también Snapchat u otras redes sociales.

Para empezar, no se puede ignorar el factor de popularidad masiva. Bitmoji fue la app número uno en la App Store de iTunes en 2017, y su integración con Snapchat impulsó todavía más su presencia entre estudiantes de secundaria y preadolescentes. Cuando algo está tan de moda, la presión social para usarlo aumenta y resulta más complicado que un menor se quede al margen.

Otro punto clave es la facilidad con la que se puede crear y compartir contenido potencialmente inapropiado. Los avatares pueden representar situaciones, gestos o textos que, aunque estén estilizados como dibujos, pueden ser ofensivos, vulgares o incluir referencias a conductas no adecuadas para ciertas edades. Los jóvenes pueden verse tentados a crear Bitmojis subidos de tono para divertir a sus amigos, sin valorar el alcance que eso puede tener.

Esto se agrava por lo sencillo que resulta hacer una captura de pantalla de un Bitmoji y reenviarla por múltiples canales. Aunque la intención inicial sea compartir algo solo en un chat privado, en la práctica cualquier receptor puede guardar la imagen y distribuirla en redes sociales, grupos o foros, descontrolando totalmente la difusión del contenido.

Un tercer aspecto preocupante es la manera en la que el uso intensivo de Bitmoji puede reforzar la obsesión con la apariencia física. En la medida en que el avatar pretende ser una versión idealizada de uno mismo, muchos jóvenes dedican un tiempo excesivo a decidir cómo “verse bien” en formato dibujo, comparándose con los avatares de sus amigos y con lo que creen que debería ser un cuerpo perfecto.

Esta dinámica puede dañar la autoestima y la imagen corporal, especialmente en adolescentes que ya arrastran inseguridades o que se ven muy expuestos a modelos de belleza poco realistas en redes. La sensación de que el propio Bitmoji nunca termina de encajar con cómo se ve uno mismo puede provocar frustración y malestar.

Privacidad, teclados de terceros y recopilación de datos

Más allá de lo emocional, Bitmoji plantea algunas dudas razonables en cuanto a privacidad y seguridad de los datos, sobre todo cuando se utiliza como teclado de terceros en el móvil. Algunos expertos alertan de que dar acceso completo a un teclado externo supone abrir una puerta importante a la información que se introduce en el dispositivo.

Cuando se activa Bitmoji como teclado, es posible que la app tenga acceso a datos que escribes o a información de tu dispositivo, dependiendo del sistema operativo y de los permisos que se concedan. Esto genera inquietud en familias y profesionales de la seguridad, que recomiendan revisar bien la configuración y las autorizaciones antes de activar estas funciones.

También se ha señalado que, en determinados casos, Bitmoji podría recopilar más información en dispositivos Android que en iPhones, debido a las diferencias en la forma en la que ambos sistemas gestionan los permisos y el acceso de aplicaciones de terceros al sistema. Aunque Snap Inc. dispone de políticas de privacidad públicas, no siempre son fáciles de interpretar para el usuario medio.

Un uso prudente implica revisar los ajustes de privacidad y los permisos que se otorgan a la app, y la verificación de edad en algunos países; si el usuario es menor, que los padres acompañen ese proceso, explicando qué significa permitir acceso completo al teclado o qué datos se pueden llegar a compartir sin darse cuenta.

En cualquier caso, es recomendable tener presente que, al tratarse de un servicio vinculado a una gran empresa tecnológica, el modelo de negocio suele incluir algún tipo de tratamiento comercial de datos agregados, ya sea para mejorar productos, segmentar audiencias o crear estadísticas de uso. La transparencia de la compañía y la comprensión de estas prácticas por parte de las familias se vuelve, por tanto, esencial.

Contenido atrevido, diversidad y sensación de exclusión

Otro punto que ha generado debate es que algunos diseños de Bitmoji y ciertas escenas disponibles pueden resultar demasiado atrevidos o adultos para niños pequeños. Entre las distintas pegatinas y escenas hay referencias a consumo de alcohol u otros comportamientos que, aunque se muestren en tono humorístico, no siempre son apropiados para menores.

Además, algunos stickers incluyen palabras malsonantes o expresiones vulgares que muchos padres preferirían evitar en las apps que usan sus hijos. Aunque para un adulto puede ser solo una broma, para un niño o preadolescente puede normalizar un lenguaje o unas actitudes que no encajan con los valores que se intentan transmitir en casa o en la escuela.

Por otro lado, hay usuarios que han denunciado que no encuentran suficientes opciones de rasgos físicos y estilos que representen bien todas las etnias y tipos de cuerpo. Esto puede hacer que determinados estudiantes se sientan menos identificados con los avatares disponibles o incluso un poco excluidos al no ver reflejada su diversidad.

Cuando un adolescente intenta crear un Bitmoji que se parezca a sí mismo y no consigue una versión mínimamente similar, puede sentir que su cuerpo, su color de piel o sus rasgos no “encajan” en el canon que propone la app. Es un tema delicado, porque la representación importa, especialmente en edades en las que la identidad está en construcción.

Este tipo de carencias pueden convertirse, paradójicamente, en una oportunidad educativa para hablar sobre diversidad, inclusión y la importancia de que la tecnología represente a todo tipo de personas. Si un joven comenta que “no hay un Bitmoji que se parezca a mí”, es un buen momento para escucharle y reforzar un mensaje positivo sobre su propia identidad.

Qué pueden hacer los padres ante Bitmoji y Snapchat

Más allá de preguntarse si Snapchat va a cerrar la app de Bitmoji, las familias pueden centrarse en algo más práctico: cómo acompañar de forma activa a sus hijos cuando quieren usar esta herramienta. La clave no suele ser prohibir sin más, sino conocer bien la aplicación y dialogar con los menores.

Una recomendación muy útil es que los padres se descarguen Bitmoji y creen su propio avatar. Tomarse un rato para navegar por la app, revisar las opciones y probar cómo se integra con otras plataformas ayuda muchísimo a entender qué están haciendo los hijos cuando dicen que están “jugando con su Bitmoji”.

A partir de ahí, se pueden establecer normas claras sobre el uso de Snapchat y Bitmoji y conocer los nuevos controles parentales. Por ejemplo, acordar a qué tipo de contactos se les envían Bitmojis, qué tipo de contenido es inaceptable (insultos, referencias sexuales, violencia, etc.) y qué hacer si algún amigo les envía imágenes con las que se sienten incómodos.

También es importante recalcar a los menores que, aunque un Bitmoji se comparta en un chat privado o en un grupo “cerrado”, siempre es posible hacer una captura de pantalla y reenviar la imagen. Por eso conviene que sus creaciones se mantengan “Light, Bright & Polite™”, es decir, ligeras, positivas y respetuosas, incluso cuando piensan que nadie más las va a ver.

Otro frente en el que padres y educadores pueden trabajar es en evitar las comparaciones dañinas. Conviene recordarles que las redes sociales no enseñan toda la realidad, sino solo una parte idealizada, y que no tiene sentido compararse ni con el Bitmoji de los demás ni con los cuerpos perfectos que ven online.

Usar Bitmoji como oportunidad educativa en casa

Si, después de valorar pros y contras, la familia concluye que Bitmoji puede ser aceptable, una buena idea es sentarse con los hijos a crear un avatar juntos. Convertir la creación del Bitmoji en una actividad compartida da pie a muchas conversaciones interesantes sobre identidad, gustos y límites de lo que se quiere mostrar.

Mientras se eligen peinados, ropa o accesorios, los padres pueden observar cómo reacciona el menor: si se frustra porque no encuentra un rasgo que se parezca al suyo, si se obsesiona con que el avatar se vea “más delgado” o “más guapo”, si cambia sin parar de estilo buscando aprobación, etc. Todo ello son señales que ayudan a entender cómo vive su propia imagen.

Si un adolescente expresa que se siente excluido porque Bitmoji no ofrece suficientes opciones para su tipo de cuerpo o su etnia, es un momento perfecto para validar ese sentimiento y explicarle que el problema no está en él, sino en una herramienta que no ha sabido representar bien la diversidad real de las personas.

Al mismo tiempo, se puede reforzar la idea de que la autenticidad en internet no pasa solo por la apariencia del avatar, sino por cómo tratamos a los demás, qué tipo de contenido compartimos y qué valores transmitimos. Un Bitmoji divertido no compensa un comportamiento hiriente o una falta de respeto en un chat o en una red social.

En el plano práctico, padres y madres también pueden configurar juntos los ajustes de privacidad, revisar a qué servicios se conecta Bitmoji, qué permisos tiene el teclado y cómo se vincula con Snapchat. Involucrar al menor en este proceso le enseña a tomar decisiones digitales informadas y no solo a aceptar todo sin leer.

En definitiva, aunque pueda generar dudas y debates, Bitmoji es también una ventana para hablar de identidad digital, respeto, privacidad y autoestima con niños y adolescentes. No se trata solo de un avatar simpático en Snapchat, sino de cómo queremos que nuestros hijos se vean a sí mismos y se relacionen con los demás en el entorno online.

La posible decisión de Snapchat sobre el futuro de Bitmoji no elimina de golpe estos retos ni las oportunidades educativas que ofrece. Lo que realmente marca la diferencia es el acompañamiento adulto, la información y la conversación abierta en casa sobre todo lo que rodea a estas aplicaciones tan presentes en el día a día de los jóvenes.

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