- Los usuarios de entre 13 y 15 años dispondrán de perfiles privados que solo permiten compartir vídeos con amigos mutuos.
- Se eliminan las métricas públicas de 'me gusta' para reducir la presión social y el postureo entre los adolescentes.
- Los padres ganan control a través del Centro Familiar, pudiendo monitorizar el tiempo de uso y las interacciones.
- Nuevas barreras impiden que desconocidos contacten con menores, incluyendo avisos de seguridad en los chats.

La red social del fantasmita ha decidido dar un paso al frente para intentar que su plataforma sea un lugar un poco más amable para los chavales. Snapchat ha anunciado recientemente un paquete de medidas bastante serio que busca, por encima de todo, que los adolescentes de entre 13 y 15 años dejen de estar tan expuestos al ojo público cuando suben sus vídeos. La idea es que este grupo de edad tenga una experiencia mucho más íntima y controlada, evitando que cualquiera pueda cotillear lo que publican sin permiso.
Estas novedades no han caído del cielo, sino que responden a una preocupación creciente sobre cómo las redes sociales afectan a la salud mental de los más jóvenes, un tema crítico donde Snapchat ha evitado juicios por salud mental. En lugar de permitir que sus vídeos en Spotlight —esa sección de vídeos cortos al estilo TikTok— lleguen a todo el mundo, la aplicación ahora los obligará a moverse en un círculo de amigos mutuos. Esto significa que, si un chaval sube algo, solo lo verán aquellas personas que él haya aceptado y que también le sigan a él, nada de perfiles abiertos de par en par.
Un espacio blindado en la sección Spotlight
Para los que no estén muy puestos, Spotlight es el rincón de Snapchat donde el contenido se suele hacer viral y es accesible para cualquier usuario. Pues bien, a partir de ahora, los menores de 16 años tendrán una especie de perfil independiente y exclusivo. Dentro de este entorno, podrán seguir creando y guardando sus Stories o vídeos, pero la gran diferencia es que su distribución pública queda totalmente capada. Es una forma de asegurar que la creatividad no se frene, pero que se mantenga dentro de un público de confianza.
Por otro lado, los chavales que ya tienen 16 o 17 años no lo tendrán tan restringido, aunque tampoco se irán de rositas. Para ellos, Snapchat ha introducido una modalidad de intercambio público opcional, pero siempre bajo una lupa de supervisión mucho más estricta que la de un adulto. La plataforma limitará el alcance de sus publicaciones para que no se desmadre la cosa y los padres puedan estar un poco más tranquilos sabiendo que no cualquiera puede interactuar con sus hijos de forma sencilla.
Evan Spiegel, el jefazo de la compañía, ha dejado caer en varias ocasiones que su aplicación no es como las demás. Según él, el objetivo principal siempre ha sido conectar a amigos reales y no fomentar la búsqueda de fama desesperada que se ve en otros sitios. Con estos cambios, la empresa intenta distanciarse de esa imagen de «fábrica de influencers» y volver un poco a las raíces de la mensajería privada, donde lo que importaba era el colega que tenías al otro lado de la pantalla.
Adiós a la tiranía de los likes y mayor control parental
Uno de los puntos que más quebraderos de cabeza da a los psicólogos es la obsesión por las métricas. Para cortar esto por lo sano, Snapchat ha decidido que los perfiles de los más pequeños no mostrarán el contador de favoritos ni otras cifras de interacción pública. De esta manera, se elimina esa presión social por tener miles de «likes» que a veces tanto agobia a los menores. Si no hay números que comparar, el postureo pierde bastante fuerza y la experiencia se vuelve algo más natural y menos competitiva.
En cuanto a los padres, ahora tienen a su disposición herramientas mucho más potentes dentro del Snapchat Family Safety Hub. Desde ahí, se puede echar un ojo a cuánto tiempo pasan los hijos enganchados a las secciones de Stories o Spotlight, y también revisar con quién han estado chateando últimamente. Ojo, que no se trata de leerles los mensajes privados —la privacidad sigue ahí—, sino de saber quién está en su lista de contactos para evitar sustos con gente que no debería estar merodeando por su perfil.
Además, la seguridad se ha reforzado para bloquear el contacto con desconocidos de forma proactiva. Si un adolescente intenta hablar con alguien que no conoce de nada, la propia aplicación le lanzará un aviso de advertencia sugiriendo que bloquee a esa persona en Snapchat o la denuncie. También se ha puesto el foco en limpiar la plataforma de cuentas que intenten comercializar con contenidos inapropiados, revisando con lupa todo lo que se publica antes de que el algoritmo decida recomendarlo a una audiencia más grande.
A fin de cuentas, este movimiento busca crear un entorno digital donde los riesgos de acoso o filtración de datos personales, como el doxxing, se reduzcan al mínimo. Snapchat quiere demostrar que se puede ser una red social divertida sin necesidad de exponer a los menores a los peligros del internet abierto, priorizando la seguridad sobre el crecimiento salvaje de usuarios. Con el Centro Familiar como aliado y los nuevos perfiles privados, los jóvenes en España y en el resto de Europa disponen ahora de una capa extra de protección que les permite disfrutar de la app con un poco más de cabeza.
Editor profesional de Tecnología y Software


