- Las autoridades reguladoras han solicitado la suspensión del despliegue de los nombres de usuario por el riesgo de suplantaciones masivas.
- Meta implementará capas de seguridad adicionales como un código PIN opcional y la reserva de nombres de figuras públicas.
- Los expertos advierten de que la ausencia de un número de teléfono visible podría facilitar fraudes financieros y engaños de ingeniería social.
- El sistema no contará con un directorio público, lo que obligará a conocer el identificador exacto para contactar con un usuario.

La aplicación de mensajería más utilizada en España y en medio mundo se encuentra en un momento crítico. WhatsApp lleva tiempo cocinando una de sus funciones más esperadas: la posibilidad de utilizar nombres de usuario únicos para no tener que ir repartiendo nuestro número de teléfono a diestro y siniestro. Aunque sobre el papel suena a una mejora de privacidad increíble, la realidad es que se ha levantado una polvareda importante. Los reguladores de grandes mercados digitales ya han puesto el grito en el cielo ante el temor de que esta novedad se convierta en la herramienta perfecta para los amigos de lo ajeno.
El foco del conflicto está ahora mismo en la India, donde el Gobierno ha pedido formalmente a Meta que eche el freno. No es para menos, ya que con más de 500 millones de usuarios en ese territorio, cualquier pequeño resquicio de seguridad puede traducirse en miles de víctimas de timos. La preocupación principal es que los estafadores se den prisa en registrar nombres que parezcan oficiales, como los de bancos, cuerpos de seguridad o instituciones públicas, para engañar a los ciudadanos de forma mucho más sencilla que hasta ahora.
La batalla por la identidad digital en la mensajería

Uno de los mayores quebraderos de cabeza que presenta este nuevo sistema es la suplantación de identidad. Ya se han dado casos de perfiles que han intentado reservar alias de personajes muy conocidos o de plataformas de criptomonedas para intentar pillar desprevenidos a los más incautos. Si a esto le sumamos que el usuario puede ponerse la foto de perfil que quiera, el cóctel para un engaño visual es prácticamente perfecto. Por eso, las autoridades han dado un ultimátum a la compañía para que explique detalladamente cómo piensa evitar que un delincuente se haga pasar por un gestor bancario o un policía.
Para intentar calmar los ánimos, Meta ha salido al paso asegurando que han diseñado varias barreras de seguridad. Entre ellas, han confirmado que se reservarán de forma proactiva los nombres de figuras de alto perfil y entidades gubernamentales. Además, los usuarios que ya tengan un alias en otras redes de la casa, como Instagram o Facebook, tendrán prioridad para reclamar el mismo nombre en la aplicación de chat. De esta forma, se busca que haya una cierta coherencia y que no cualquiera pueda adueñarse de una marca personal consolidada.
En nuestro país, aunque la función todavía no ha desembarcado de forma masiva, la vigilancia es total. Ya sabemos cómo se las gastan con timos como el del ‘hijo en apuros’ o las ofertas de empleo falsas que llegan por SMS, y los expertos temen que los nombres de usuario abran una nueva vía de entrada. No obstante, WhatsApp ha dejado claro que no existirá un directorio público donde buscar a gente. Es decir, que si alguien quiere hablarte, tendrá que conocer tu identificador exacto, lo que en teoría dificulta que los estafadores vayan probando nombres al azar para ver quién pica.
Medidas de protección frente a los nuevos fraudes
Para aquellos que decidan dar el paso y configurar su alias, habrá una opción muy interesante: una clave o PIN opcional. Esta medida servirá para que, aunque alguien sepa tu nombre de usuario, no pueda iniciar una conversación contigo si no conoce ese código. Es un nivel extra de seguridad que pretende evitar que desconocidos te den la turra sin tu consentimiento. Asimismo, la plataforma asegura que mantendrá sistemas automáticos para detectar comportamientos extraños, como cuentas que intentan contactar con muchísimas personas nuevas en muy poco tiempo.
A pesar de todas estas promesas tecnológicas, el recelo sigue ahí. No hay que olvidar que fraudes como el del ‘arresto digital’ o el phishing están a la orden del día y se aprovechan de la confianza del usuario en la interfaz de la aplicación. Por el momento, la recomendación de los especialistas es clara: no compartir datos bancarios ni realizar pagos a través de la app, por muy oficial que parezca el nombre de quien nos escribe. La verificación de la identidad sigue siendo nuestra mejor arma contra los delincuentes que intentan explotar estas nuevas funciones.
Toda esta situación pone de manifiesto el delicado equilibrio entre querer ser más anónimos y mantener la seguridad a raya. Mientras WhatsApp insiste en que el número de teléfono seguirá siendo necesario para registrarse (lo que ayuda a rastrear a los infractores si es necesario), los reguladores prefieren pecar de prudentes antes de que el despliegue sea total. Habrá que ver si estas capas de defensa son suficientes para que la transición a los nombres de usuario no se convierta en un campo de minas para nuestra ciberseguridad cotidiana.
Editor profesional de Tecnología y Software