- Un estudio revela que casi el 60% de los vídeos recomendados a cuentas nuevas son creados por inteligencia artificial de baja calidad.
- El contenido dirigido a niños es el más afectado, con etiquetas donde el 97% de las publicaciones son automáticas.
- TikTok triplica la cantidad de este tipo de material, denominado "AI slop", en comparación con los Shorts de YouTube.
- Expertos advierten sobre los riesgos de este contenido en el desarrollo cognitivo infantil y la difusión de datos incorrectos en salud o ciencia.
Abrir una cuenta en TikTok por primera vez suele ser una experiencia de descubrimiento constante, pero lo que muchos no sospechan es que una gran parte de lo que ven no tiene rastro humano. Una reciente investigación llevada a cabo por la plataforma Kapwing ha puesto de manifiesto que la mayoría de los vídeos que la red social encasqueta a los recién llegados es puro relleno generado por inteligencia artificial de escasa calidad, un fenómeno que empieza a preocupar a expertos y usuarios por igual.
Esta tendencia, conocida en el mundillo digital como «AI slop», se refiere a piezas producidas de forma masiva con herramientas automáticas con el único fin de arañar visualizaciones. Lo más llamativo es que, antes de que el algoritmo conozca nuestros gustos reales, el sistema decide que lo mejor es mostrarnos una cantidad ingente de animaciones extrañas y voces sintéticas que poco tienen que ver con la creatividad real que dio fama a la aplicación en sus inicios.
El dominio del «AI slop» frente al contenido humano
Los datos son bastante reveladores y dejan en mal lugar la frescura del contenido actual. De los primeros 500 vídeos que TikTok muestra a un usuario nuevo, el 59% entra directamente en la categoría de contenido basura generado por IA. Si comparamos esta cifra con la competencia, vemos que la plataforma propiedad de ByteDance triplica la tasa de YouTube Shorts, donde este tipo de material solo representa el 21% de las recomendaciones iniciales, lo que demuestra una saturación mucho mayor en la app vertical.
El estudio analizó más de 10.000 clips para entender cómo se distribuye esta avalancha de bits. Mientras que en categorías como el fitness, la música o la moda el curro humano sigue siendo mayoritario con apenas un 1,6% de IA, en otras áreas la situación es diametralmente opuesta. Parece que fabricar vídeos en serie es mucho más rentable cuando no se necesita a una persona real delante de la cámara, desplazando así el talento original por algoritmos de producción masiva.
Los más pequeños, en el punto de mira de la automatización

El sector que sale peor parado en este análisis es, sin duda, el infantil. Resulta que el 57,4% de los vídeos dirigidos a niños son creaciones artificiales, llegando a niveles surrealistas en hashtags específicos como #CartoonKids, donde 97 de cada 100 vídeos son automáticos. Se trata de piezas que a veces mezclan personajes conocidos en situaciones sin sentido o con errores educativos flagrantes, como contar mal objetos en pantalla mientras una voz robótica dice una cifra equivocada.
Este panorama ha hecho saltar las alarmas en el ámbito médico y educativo. La doctora Dana Suskind, de la Universidad de Chicago, ha advertido que este tipo de desinformación a escala industrial es un riesgo para el cerebro en desarrollo de los niños, que están cableando sus conexiones neuronales a través de lo que consumen. En Europa, países como Noruega ya han tomado cartas en el asunto, sumándose a la tendencia de restricción de las redes sociales para menores prohibiendo el uso de IA generativa en la educación primaria para evitar que los chavales se salten etapas fundamentales del aprendizaje.
Ciencia y salud: el riesgo de la información sintética
No solo los dibujos animados están bajo sospecha; los temas serios también sufren esta plaga. Las categorías de Ciencia, Salud e Historia presentan una saturación de contenido IA que ronda el 35%. Es un problema de narices, ya que un vídeo sobre remedios sanitarios o hechos históricos generado sin supervisión humana puede difundir errores graves con una apariencia de veracidad muy lograda, compitiendo directamente con fuentes expertas y mucho más curradas, similar a bulos sobre cremas solares que arrasa en TikTok.
TikTok ha intentado lavar su imagen introduciendo algunas medidas desde finales de 2025. Entre ellas destaca una herramienta para que cada uno pueda elegir si quiere ver más o menos contenido de IA, similar a cómo Instagram se plantea etiquetar el contenido real frente al generado por IA, además de un fondo educativo de dos millones de dólares para mejorar la alfabetización digital. Sin embargo, para muchos analistas estas soluciones son algo pasivas, ya que el volumen de contenido etiquetado como artificial ya superaba los 1.300 millones de vídeos hace meses, lo que da una idea de la magnitud del problema.
El algoritmo de recomendación se basa en lo que hacemos, pero si el punto de partida ya está contaminado, es fácil entrar en un bucle. Si por curiosidad nos quedamos mirando uno de estos vídeos de baja calidad, el sistema interpretará que nos interesa el slop y nos servirá todavía más ración de lo mismo. Al final, se corre el riesgo de que la estética artificial se convierta en la norma cultural de la plataforma, dejando el contenido genuino enterrado bajo una montaña de basura digital.
La realidad actual de las redes sociales nos sitúa en una encrucijada donde la cantidad parece haberle ganado la partida a la calidad. Aunque la tecnología permite crear cosas alucinantes, cuando se usa solo para rellenar feeds y captar atención barata, acaba degradando la experiencia de todos. Toca estar más atentos que nunca y no dar por sentado que lo que sale en nuestra pantalla ha pasado por el filtro del criterio humano, especialmente cuando somos nosotros los que acabamos de aterrizar en la aplicación.
Editor profesional de Tecnología y Software
