- BBVA Research estima que la IA puede añadir entre 0,8 y 1,3 puntos anuales a la productividad laboral del G7 si su adopción es rápida, frente a solo 0,2-0,4 puntos en un escenario lento.
- La tecnología no está reemplazando empleos a nivel agregado, sino complementando tareas, especialmente en ocupaciones cualificadas y directivas.
- En España, los trabajadores de empleos digitales ganan de media 19 euros por hora, frente a los 13,2 del conjunto de asalariados, un reflejo del efecto de la IA en los salarios.
- Los beneficios reales de la IA tardan en aparecer debido a la llamada 'curva J', que requiere inversiones en formación, datos y reorganización de los procesos.
La inteligencia artificial (IA) vuelve a ocupar el centro del debate sobre el futuro del trabajo y la economía. El último análisis de BBVA Research cifra el potencial de esta tecnología para impulsar la productividad laboral en las economías del G7, aunque con importantes matices en función de la rapidez con la que las empresas la adopten. El informe no solo evalúa el impacto macro, sino que también ofrece pistas sobre cómo se traducen esas mejoras en los salarios y en la organización interna de las compañías.
Pese a que las expectativas son elevadas, los datos sugieren que la mejora no es automática ni inmediata. La IA puede transformar las tareas, complementar el trabajo de las personas y abrir nuevas oportunidades, pero su efecto real depende de transformar el potencial de la IA en productividad real e inversiones complementarias y de que las empresas tengan capacidad para integrarla en sus procesos. En este contexto, conviene examinar qué hay de cierto y qué es aún especulativo en torno a la revolución de la productividad que se anuncia.
La adopción rápida marca la diferencia
La estimación principal de BBVA Research es que, si la IA se difunde a un ritmo rápido, su aportación al crecimiento anual de la productividad laboral en el G7 se moverá entre 0,8 y 1,3 puntos porcentuales. En cambio, si la adopción es lenta, el impacto se reduciría a apenas 0,2 y 0,4 puntos. Estas cifras dependen de la capacidad real de las empresas para integrar la tecnología en su actividad diaria y del tipo de sectores que dominan cada economía.
Según el mismo informe, la inversión en IA no está provocando una destrucción de empleo a nivel general. Más bien al contrario, muchas empresas están ampliando sus plantillas gracias a que la tecnología les permite escalar procesos con rapidez. Se trataría, por tanto, de una reestructuración de tareas y una mejora de la eficiencia, más que de una sustitución masiva de trabajadores.
La complementariedad entre humanos y máquinas
El concepto clave es el de complementariedad. En las ocupaciones con mayor exposición a la IA y desempeñadas por profesionales experimentados o con responsabilidades directivas, la interacción persona-máquina resulta especialmente productiva. De hecho, BBVA Research calcula que alrededor del 50% de los empleos expuestos a estas herramientas podrían beneficiarse de importantes mejoras de eficiencia gracias a esta colaboración.
Además, los trabajadores con conocimientos tecnológicos y formación adecuada están mejor situados para sacar partido de la IA. Eso sí, las ventajas no se reparten de manera uniforme, porque también se observa un fenómeno opuesto en algunos países: la contratación de jóvenes que se incorporan al mercado en puestos muy expuestos a la IA se ha desacelerado, lo que revela una mayor exigencia de reciclaje profesional.
El efecto en los salarios en España
En el caso concreto de España, el informe evidencia una diferencia clara: las ocupaciones directamente digitales presentan una remuneración media de 19 euros por hora, mientras que el conjunto de asalariados apenas alcanza los 13,2 euros. Ese margen muestra que las tareas que requieren habilidades digitales ya reciben un plus que se explica, en parte, por la productividad empresarial en España impulsada por la IA.
Los economistas del servicio de estudios recuerdan que los empleados de las empresas que adoptan la IA comparten los dividendos de la productividad a través de salarios más altos. Este argumento responde a la pregunta de si la tecnología acaba beneficiando a las rentas del trabajo, aunque también matizan que el reparto no se da de forma inmediata.
Una curva J que retrasa los efectos
El informe incorpora un concepto interesante: el patrón de la “curva J”. Así, los beneficios de la IA no se materializan hasta después de un periodo de inversión y ajuste. Las empresas necesitan invertir en datos, formación, reorganización de procesos y capital humano, lo que hace que las primeras fases de adopción se perciban con menos resultados de lo esperado.
Durante esas fases iniciales, las compañías experimentan, adaptan los flujos de trabajo y los trabajadores se forman en nuevas habilidades. La productividad puede aparecer subestimada al principio y sobreestimada después, según el servicio de estudios. Eso explica por qué muchas empresas pueden tener una impresión menos positiva de la IA durante los primeros meses de uso.
El papel de la estructura económica
No todas las economías sacan el mismo rendimiento a la tecnología. Los países con mayor peso de sectores intensivos en conocimiento, como servicios TIC, finanzas y servicios profesionales, están en mejor posición para convertir la IA en producción adicional. Estados Unidos, con cerca del 25% de su economía en estos sectores, lidera las proyecciones, mientras que Japón o Italia, con menor presencia de estos sectores, se quedan con cifras más modestas.
Un escenario de adopción rápida también varía según la capacidad para integrar la IA en la producción real. La tecnología por sí sola no basta; hace falta una combinación adecuada de capital humano, de formación y de cambios organizativos. En definitiva, la brecha de productividad entre los países del G7 se explica tanto por la exposición sectorial como por la agilidad con la que se adopta la herramienta.
En este punto, la conclusión se vuelve práctica: la IA no es una solución milagrosa, sino un acelerador que necesita condiciones previas. Las empresas que no inviertan en su transformación digital quedarán atrás, mientras que las que lo hagan verán mejoras de rendimiento a mediano plazo. Para el mercado laboral español, esto refuerza la idea de que la tecnología y la formación marcan el camino para mejorar la productividad y los salarios.
La tecnología está demostrando que su efecto no se reduce a la eliminación de empleo, sino que también crea oportunidades en tareas que requieren un alto nivel de cualificación. Los responsables públicos y las compañías tienen ante sí el reto de diseñar políticas que ayuden a aprovechar este potencial, evitando que los beneficios se concentren solo en unos perfiles y no en el conjunto. La transformación está en marcha y su dirección depende de cómo se gestionan la formación, la inversión y la organización del trabajo.
Editor profesional de Tecnología y Software

